Catalina Cárdenas Montañez
Por:Ovidio C. Díaz Benítez
Historiador de la Ciudad. Santa Clara.
La mujer cubana siempre ha jugado un rol prominente en las luchas por la igualdad, la liberación nacional y social. Recordemos en estas letras a las patriotas Ana Betancourt, que levantó su voz para proclamar los derechos de la mujer, llevando su revolucionario planteamiento a la Asamblea de Guáimaro; Carmen Gutiérrez Morillo, que dirigió el Club hermanas de Juan Bruno Zayas, y auxilió con medicinas, ropas y otros recursos vitales a nuestros mambises en la Guerra de 1895; Carolina Rodríguez, que donaba su jornal para comprar armas y otros recursos para la guerra, y a pesar de estar casi ciega, el dinero recaudado para su operación, lo entregó a los fondos del P.R.C.; Marta Abreu de Estévez, que donó a la justa causa de los cubanos alrededor de 200 000 pesos.
La lista sería interminable si tenemos en cuenta que hay mujeres que perecieron prestando sus servicios en la guerra, y que no son hoy día conocidas.
Dedico las próximas líneas a una mujer desconocida, a la que descubrí en esa paciente y acuciosa labor de desempolvar papelería de Archivo, en aras de una investigación relativa a la guerra de 1895 en nuestra provincia, en aquel entonces llamada Santa Clara, con su capital del mismo nombre.
Catalina Cárdenas Montañez, la patriota anónima, había nacido en Santa Clara en 1854, hija legítima de Pedro Cárdenas Monteagudo y María de Jesús Montañez, ambos naturales de Santa Clara, de extracción campesina y humilde.
Catalina se casó en primeras y únicas nupcias con Desiderio Cárdenas Gutiérrez con el que tuvo tres hijos a los que nombraron José Teófilo, Felipa Ursula y Mercedes; esta última murió a los 16 años a consecuencia de fiebre de borra, luego de terminada la guerra.
Según declaración del esposo de Catalina ante el Juzgado de Primera Instancia de la provincia, y los testigos presentados, con el fin de promover la declaratoria de herederos para el cobro de los haberes por los servicios que su señora había prestado a la patria durante las acciones bélicas de 1895 a 1898, se supo que Catalina había muerto en el Campo de la Revolución, el 28 de febrero de 1898, a las ocho de la noche, a la edad de 44 años en el lugar conocido por Partido de Neiva, debido a las fiebres palúdicas, enfermedad que contrajo durante la contienda bélica. Su cadáver fue sepultado en las orillas del río Zaza,
Por lo general, todos los que murieron durante la guerra, en acciones armadas o por enfermedades, eran sepultados en el lugar de los hechos.
Tanto en la certificación de defunción como en la exposición presentada al Juez, se reafirmó, que Catalina Cárdenas Montañez había fallecido en el campo de la insurrección, y para que así constara y quedase escrito en los documentos presentados para los trámites de rigor, de la orden militar del 13 de mayo de 1899, que apareció publicada en la gaceta oficial el 16 de mayo del mismo año.
Así se inscribieron en los registros civiles todas aquellas defunciones que durante la Guerra no habían sido registradas.
Sin dudas, Catalina estuvo entre ‘‘las gentiles hijas de Cubanacán que fueron a ocupar sus puestos en la guerra.’’(1) y transitó por los campos agitados, con la naturalidad propia de una conspiradora comprometida con la Patria.
No se han podido precisar otros datos que permitan ampliar la vida de esta desconocida santaclareña vinculada a la guerra de liberación. En 1904 al promoverse esta operación civil; su hija Felipa Ursula se había casado y tenía dos hijos, mientras que el hermano se mantenía soltero, así como su padre. Este hallazgo nos confirma la necesidad de continuar develando el pasado histórico mediante las Fuentes Documentales inéditas localizadas en nuestros archivos.
Bibliografía:
- Díaz Benítez, Ovidio C. Tesis de Maestría: Los protagonistas anónimos de la guerra de 1895 a 1898 en la Provincia de Santa Clara. Inédita.
- Fondo Juzgado de primera Instancia de la Provincia de Santa Clara. A.H.P. Villa Clara.
- (1). Martínez Heredia Fernando. Nacionalismo, razas y clases en la revolución del 95 y la primera República Cubana. Pág. 16, 2do párrafo. (obsequio del autor).